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EL origen

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala que entre 100 y 108 adolescentes de cada mil, entre 15 y 19 años de edad se convierten en madres en América Latina y el Caribe. Venezuela es cónsona con esta situación. Según la UNICEF (2014), el país presenta una alta tasa de fecundidad adolescentes (la más alta de Suramérica), y como dato alarmante, se observa en años recientes un incremento de los partos de niñas entre 10 y 12 años. En estados, como Apure, Cojedes, Guárico, Portuguesa y Barinas la tasa de fecundidad adolescente supera en casi 30 puntos el promedio nacional, donde se registra el mayor porcentaje de madres adolescente entre 15 y 19 años, llegando a más del 26% del total de nacimientos. Por su parte, el Ministerio de Salud indica que 23% de los nacimientos anuales corresponde a madres que tienen menos de 19 años de edad, lo que significa que de cada 10 mujeres que llegan a las salas de parto, por lo menos dos están en adolescencia. Esta situación, va más allá de un problema individual, ella representa un problema de salud pública, que muestra las deficiencias del Estado, la familia y la sociedad en la materia.


Por otra parte, también hay que considerar que es un problema complejo, donde intervienen una gran multiplicidad de factores, dentro de los cuales destacan: 1) las estrategias de salud del país son más curativas que preventivas. Las políticas y estrategias para abordar el problema son irregulares e inconstantes y no se sustentan con la educación sexual porque hay una disociación entre la información y la acción, especialmente entre la teoría y la práctica, que se expresa en la cifra que revela que 1 de cada 10 adolescentes utiliza métodos anticonceptivos, aunque todos reporten que los conocen y saben cómo usarlos; 2) el escaso poder adquisitivo de los adolescentes para comprar anticonceptivos o pagar consultas ginecológicas; 3) las características propias de la adolescencia, donde él o ella se sienten “invulnerable” ante los riesgos, y “piensan que los problemas le pasan a otro, pero no a él o a ella”; 4) la alta agresividad del entorno social, este les resulta tan agresivo a los jóvenes, en especial dentro de los sectores populares, que se ha detectado que muchas adolescentes sostienen la idea de que la maternidad (aunque sea precoz), las posiciona como mujeres por encima de las demás adolescentes, y les da cierta seguridad.


El embarazo adolescente, y aún más, las muertes asociadas a la práctica de abortos clandestinos, demuestra que la sociedad en su conjunto, debe asumir su responsabilidad y tomar cartas en el asunto, ya que es consecuencia directa de grandes desigualdades socioeconómicas y culturales, que afectan negativamente la salud y el desarrollo tanto individual como colectivo. Por todas estas razones, consideramos que bien vale el esfuerzo de proporcionarles las herramientas necesarias a nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes para que puedan ejercer una sexualidad sana y responsable, y esto constituye nuestro principal objetivo, con lo que contribuimos positivamente en el desarrollo de ciudadanía social y en la ruptura de la transmisión intergeneracional de la pobreza.